VISITA AL TORCAL DE ANTEQUERA

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Hay lugares que se deben visitar al menos una vez en la vida. Entre ellos se encuentran la Alhambra, la ciudad de Úbeda, la mezquita de Córdoba o el dolmen de Menga (Antequera), por citar sólo unos ejemplos entre los monumentos construidos por el hombre, y entre los paisajes naturales se encuentran, entre otros, las cumbres de Sierra Nevada, la cueva de Nerja, la sierra de Cazorla y, sin duda, el torcal de Antequera.

Así que el 12 de abril, al alba y con suave viento de levante, partimos hacia poniente alumnos de 3º y 4º de ESO y 1º de bachiller, más varios profesores del departamento de biología y geología. La primavera que semanas antes nos había saturado de fríos y lluvias nos daba ahora una tregua con un día nublado pero sin riesgo de mojarnos, y con la temperatura justa para no pasar ni frío ni calor.

En autobús atravesamos Antequera, bella ciudad situada en el centro geográfico de Andalucía que aparece coronada por los campanarios de sus veintitantas iglesias, un número muy elevado dadas las dimensiones de esta villa.

La entrada al Torcal sorprende. Aún antes de bajarse del autobús, los alumnos ya comenzaron a asombrarse ante el paisaje pétreo que les rodeaba. El entorno es tan singular que este lugar es la muestra más llamativa de erosión caliza de toda Europa. No en vano el Torcal es el primer espacio que fue legalmente protegido en España, allá por 1929.

Al bajarnos del autobús, rechazamos ver un audiovisual en el nuevo Centro de Interpretación de este espacio protegido y comenzamos a andar, porque al Torcal se le conoce andando.

Iniciamos la marcha por una senda entre rocas y peñascos de llamativas formas, algunas de las cuales parecían cabezas de personas o animales. Sobre algunos riscos descansaban grandes piedras en equilibrio inestable que parecían a punto de caerse, aunque quizá llevaran allí miles de años y les queden otros tantos. Todo el conjunto es un laberinto de roca agrietada que se asemeja a una ciudad bombardeada, aunque ese relieve no se ha originado por ninguna actividad destructora humana sino que es fruto de la lenta pero constante acción del agua erosionando la dura roca caliza.

La senda que recorrimos era muy sinuosa e irregular porque en el Torcal no existe la línea recta. Se oyeron algunas quejas pero los profesores sabíamos, por excursiones anteriores, que al final los alumnos disfrutarían más que si el recorrido se hubiera realizado por un cómodo camino. La roca dura que estábamos pisando fue hace millones de años el fondo fangoso del mar, y allí quedaron enterrados muchos de los animales que morían. Uno de los momentos más emocionantes fue al subir a un risco y localizar en su cumbre grandes conchas en espiral de antiguos moluscos, restos fosilizados de unos animales que nadaban en el mar al mismo tiempo que los dinosaurios dominaban la tierra firme.

Los días previos a la excursión los alumnos habían recibido una charla sobre este lugar, por lo que, una vez allí, sólo tenían que observar en el campo los procesos geológicos explicados en el aula. Aprovechando los descansos del recorrido, los profesores terminamos de explicarles cómo se originó el Torcal y cuál es su evolución actual. Los alumnos averiguaron así cómo surgió este paisaje desde el fondo del mar, por qué toda esta sierra se está disolviendo poco a poco cada año, y por qué los habitantes de Antequera pueden beber agua abundante gracias al Torcal.

Nos metimos por profundos barrancos, atravesamos estrechos callejones, subimos, bajamos y volvimos a subir, a veces sobrevolados por grupos de buitres. Y tras varias horas de marcha llegamos al final del recorrido, cansados pero con algo de pesar porque salíamos de un mundo misterioso para volver al habitual.

Pero el Torcal sigue allí, esperando a quien quiera adentrarse de nuevo en él.

 

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